NOTICIAS.COM.CO – La capital mexicana se convirtió esta semana en la primera ciudad de América Latina en permitir legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo, un hecho sin precedentes que no sólo marca un enorme paso en la promoción de igualdad de derechos en el país azteca, sino que impone un nuevo modelo social a lo largo y ancho de la región. De esta manera, el Distrito Federal mexicano se suma a países como Canadá, Noruega, España, Bélgica y Holanda, manteniendo así la delantera de la que aparenta ser una larga y difícil carrera en otras ciudades de Iberoamérica.

Ciudad de México
Desde hace tres años la capital mexicana permitía la unión civil entre personas homosexuales, pero con ciertas restricciones que impedían a las personas gay disfrutar de los beneficios gozados por un matrimonio heterosexual. Con el actual cambio legislativo, las parejas del mismo sexo tendrán derechos como la unión patrimonial para obtener créditos bancarios, herencia, acceder a beneficios del seguro social e incluso adoptar niños, lo cual significa que tanto parejas homosexuales como heterosexuales dispondrán de derechos idénticos ante la ley.
Claramente, las críticas de sectores conservadores no tardaron en llenar los espacios mediáticos luego de la decisión tomada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. La Iglesia Católica de México no escatimó al calificar la nueva legislación como sinónimo de “ruina, soberbia, perversidad, y aberración”, así como también lo hizo la líder del oficialismo Mariana Gómez del Campo, quien aseguró que “las uniones del mismo sexo no son naturales” y que además buscará incansablemente la manera de “echar abajo esta medida”.
Sin embargo, estos factores no han logrado intimidar a grupos simpatizantes de la nueva legislación, ya que según sus impulsores, “con esta aprobación, la Ciudad de México ratifica su vocación plural, mandando un mensaje muy importante de que todos los ciudadanos valen lo mismo”. Aún cuando existe el riesgo de ver una contraofensiva por parte de sectores conservadores, la ley aprobada en la capital mexicana es un paso histórico en la lucha de los derechos de las minorías, un movimiento que cada día marcha con más fuerza en la sociedad mexicana y que se ha ido extendiendo de manera importante en el resto del continente.
Independientemente de las medidas de ataque que se presenten en el futuro, la capital mexicana ha logrado trazar una línea de cambio en una región tradicionalmente religiosa y machista, que debido en parte a estos agentes, ha estado sumida en la desigualdad social durante siglos. La aprobación legislativa de esta semana abre el camino hacia un cambio nunca antes explorado, una oportunidad que podría romper las bases de una sociedad ahogada en el conflicto y la polarización. Es evidente que la historia civil de la Ciudad de México ha logrado un drástico giro en su camino a la igualdad, así como también es claro que ni la Iglesia Católica ni los líderes políticos conservadores podrán forrar este revolucionario acontecimiento. México ha optado por defender la igualdad de sus ciudadanos, y nadie puede invocar a no disfrutar de este principio.








De eso nada. La Cultura (conjunto de principios, valores y conocimientos que una sociedad trasmite y valora de generación en generación –y que se refieren fundamentalmente al pasado-) pertenece a toda la sociedad y es Patrimonio de toda la Humanidad.
Y en una Democracia debiera pertenecer y ser patrimonio de (toda) la mayoría de la sociedad. No de ningún grupo político que, ocasional o coyunturalmente, gobierne… (¡y aproveche su capacidad de elaborar e imponer Leyes para metérsela por la sordina al resto -mayoría- de la sociedad!; además de que el tema que nos ocupa y preocupa ni es ni era ninguna prioridad social).
No obstante, de la misma manera que para esta nueva realidad sexual se han imaginado, inventado y establecido nuevos conceptos jurídicos… de la misma manera deberían haberse imaginado, inventado y establecido nuevos conceptos culturales.
El Matrimonio y la Familia (para mí y, creo, para la inmensa mayoría de los ciudadanos -tradicional, social y culturalmente, ¡y desde hace muchísimos siglos!-) siempre ha sido la unión, reproducción y descendencia consanguínea a partir de una pareja heterosexual (mujer + hombre)… ¡que es lo natural!
Y estamos contentos que así sea. Es más, no sólo que así sea, sino que incluso, deseamos, pedimos y solicitamos que siga siéndolo… (sin otros añadidos ni complementos ni aditamentos ‘especiales’)
¿Porqué nuevos conceptos jurídicos (para reconocer una nueva realidad sexual de pareja) y no nuevos conceptos culturales?… (llegando incluso a modificar -¡y hasta cambiar!- términos, vocablos y expresiones académicas clásicas –es decir, de toda la vida, de siempre-. ¿Para qué? ¿para que tengan cabida???)
En cualquier caso, recordar que tanto el homosexualismo como el lesbianismo (orientaciones ‘sexuales’) no son nada naturales. Al contrario, diría más: anti-naturales. ¿En qué me baso? Muy fácil. Con dos homos o dos lesbis, JAMÁS SE HUBIERA DESARROLLADO EL SER HUMANO (ni como especie ni como nada). Ninguna posibilidad. Así que, de natural, nada de nada.
Pdta.: ¿Adopción por parejas gays?… ¡sí, claro, naturalmente y por supuesto! Hay cientos de millones de niños abandonados, sin hogar, con edades comprendidas entre catorce y dieciséis años (o alguno menos). Eso sí, siempre bajo consentimiento del niño, por supuesto.
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